El punto trascendental de las regulaciones que rigen a la información digital, más allá de la protección que ejercen sobre múltiples recursos, será la obtención de ese necesario balance entre necesidades usuarias y necesidades autorales. Profesionales de la bibliotecología, personas autoras y usuarias, editoriales y grandes consorcios que comercian la información han de trabajar por ello.
“Hay una corriente que promueve eliminar las barreras económicas, legales y tecnológicas, y trata de obtener a cambio, como beneficio, una mayor accesibilidad para los documentos y una mayor visibilidad para los autores.” (Lizaraso, 2014, p. 5). Será en ella donde, con un esfuerzo conjunto, la información digital y los derechos de sus autores estarán resguardados, pero sin que el conocimiento deje de estar a la mano del usuario.
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